Coaching Marcelo Ríos… el tercer héroe del tenis nacional…

 

Un entrenador no es mejor por sus resultados ni por su estilo, modelo o identidad. Lo que tiene valor es la hondura del proyecto, los argumentos que lo sostienen, el desarrollo de la idea

Marcelo Bielsa

 

No es fácil escribir sobre Marcelo Ríos, ese joven tenista que podía poner contra las cuerdas, nada más ni nada menos, que a Pete Sampras, en su primer Rolland Garros como profesional.

sampras

Sí, Marcelo Ríos nació para ser número uno del mundo; lo fue como juvenil, como profesional y como veterano.

Y en las tres oportunidades llegó rápidamente arriba.

Rápido… rápido… rápido… tan rápido… que apenas fue número uno del ranking ATP… se le cruzó por la mente el retiro y en varias entrevistas ha señalado que fue en ese momento, con tan sólo 21 años, que debió haber colgado los guantes.

El mundo vio en 1998 como un joven de pelo largo, en una meteórica e irreverente temporada, batió todos los récords… sin ganar un solo grand slam… un inédito logro… para un número uno.

RIOS-AGASSI

Marcelo alcanzó la cima ese año, mismo año en que Franz Lidz, columnista del Sport Illustrated, del Smithsonian magazine y del New York Times, escribió un devastador artículo sobre nuestra raqueta nacional.

El título dice así: “The most hated man in tennis Marcelo Ríos, who shot to no.3 in the world with his victory at Indian Wells, has long been top ranked in boorish behavior”. 

Marcelo todavía no era número uno del mundo, faltaban meses aún, pero ya a esa altura se había granjeado una fama de grosero difícil de mejorar en el mundo anglosajón, donde no están acostumbrados a la mala educación que pueden exhibir a sus anchas algunos ídolos deportivos latinoamericanos.

En uno de sus peores momentos con la prensa, el Chino, ya retirado como deportista, pero miembro del equipo técnico chileno de la Copa Davis, respondió las preguntas de los periodistas al estilo de su amigo Diego Armando Maradona. Estilo que si bien en Argentina puede ser una religión, en otros lugares del mundo es difícil de aceptar y comprender.

Larry Stefanski, alguna vez entrenador del zurdo de Vitacura y del Bombardeo de la Reina, no escatima en elogios sobre el talento del primero y sobre la integridad del segundo. Para este coach veterano, Marcelo es sin duda uno de los tenistas más talentosos que hayan pasado por su Academia.

korda

Pero hasta ahí llegan sus alabanzas, pues su pupilo dejó mucho que desear en el plano humano. Y Stefanki, que no es ningún santo, no pierde la oportunidad para comparar a sus pupilos chilenos y alabar las cualidades humanas y deportivas… de González… a quien encuentra una de las personas más generosas que conoce…

Escuchemos a Larry:

“Fernando and Marcelo were totally different, the way they challenged themselves, the way they looked at life (…) I had probably the most success with Ríos. I’m very proud of how much improvement he made because the naysayers said he was too small, too slow, too this, too that, and he got to No.1. But as a friend, person, athlete, and what he accomplished, I’m as proud of Fernando as I am of anybody”.

Este duro del tenis también destaca, de manera diplomática, la sensibilidad y generosidad de Mano de Piedra, lo que en términos tenísticos podría traducirse como que Ríos era un insensible egoísta.

¿Lo fue?

lengua rios

Sinceramente, para los efectos de este blog, no me interesa, pero ya en el año 2003 la psicóloga del tenista nacional, Laura Traverso, da cuenta que el exitoso Mind-set del genio está haciendo agua.

Escuchemos a mi colega:

“Cuando llegó al número uno empezó con este cuento. Recuerdo que le escuché decir que esperaba retirarse a los 27 años porque no quería dar lástima ni seguir compitiendo después de cierta edad”.

Para Manuel Astorga, durante años el preparador físico de Ríos, “la muerte de Marcelo Ríos como tenista comienza con el despido de Larry Stefanki” y en su reemplazo puso, en palabras de la psicóloga del ex número uno nacional, “a un entrenador argentino light que lo acompañara a carretear”.

Efectivamente, tras la salida de Stefanki, vendría la de Astorga y la de cualquiera que se interpusiera en el camino del Chino, quien debido a una serie de dolencias y lesiones físicas, no estaba disfrutando su juego.

La prensa cobró la revancha y no le perdonó su decreciente rendimiento. Marcelo ya no se movía como antes, abandonaba los partidos que ya no podía ganar, no peleaba hasta el final y carecía del talento que tanto aplaudió su público.

Son muchas las estrellas que confiesan, como Roger Federer, que se inspiraron con los golpes imposibles de nuestra raqueta nacional y jugadores que reconocen, como Nicolás Massú, que la carrera del ex número uno los ayudó mucho a creer en sí mismos.

Hubo jugadores que pese a rechazar su comportamiento dentro y fuera de la cancha, reconocieron que sólo pagarían por verlo jugar a él, pues era el diferente del circuito.

El problema de esta prematura fama y de estos reconocimientos es que, en palabras de Stefanki, a su pupilo se le subió rápidamente la fama a la cabeza y no desarrolló la ética de trabajo, el punch y la competitividad de otros de sus pupilos, que tal vez no tienen tanto talento, pero que han dado más al tenis y a su país, como Andy Roddick.

roddick

Es duro leer todo esto sobre nuestro héroe del tenis, pues tal como le conté a un cliente, para escribir estos posts leo prensa, libros especializados y reviso videos y partidos… para entender como un chileno… con el mundo en contra… logró llegar a ser número uno en una de las más feroces competencias.

Y cuando digo el mundo en contra, hablo principalmente de la prensa y los jugadores europeos y norteamericanos, pues para los mapas mentales de estos atletas el comportamiento de nuestro compatriota era difícil de entender y aceptar.

Y es que si nos apegamos a los hechos, hay que ser claros en que Ríos realizó acciones reprochables, tuvo gestos francamente injustificables dentro y fuera de los torneos y dijo las barbaridades máximas en las catedrales del tenis y es por ello que aún figura en los ránking de los bad guys del tenis.

En Wimbledon, tierra de tradiciones, dijo que el pasto era para las vacas. En Rolland Garros, tras ganarse el premio limón de la prensa, dijo que le encantaba jugar sabiendo que todo el público estaba en su contra… negaba autógrafos, entrevistas… y la lista de acusaciones… y desmentidos… podrían dar para otro blog… que francamente… no leería… pues lo que me atrae de este deportista es que a los 21 años logró su sueño de ser el mejor del mundo en lo suyo.

numuno

Logro no menor y una de las claves para entender cómo lo hizo, tiene que ver con la capacidad de este chileno de obviar la evidencia en contra y de convencerse de que no hay nadie mejor que él para el tenis. Lamentablemente su exagerada confianza en sí mismo y sus poco desarrolladas habilidades sociales, lo hicieron caer mal.

Ríos no tuvo el tacto para disfrazar que para él nadie, ni antes, después o durante, superaba su juego. El era único. Si le preguntaban por una leyenda, decía no conocerla o rápidamente él se diferenciaba: él fue número dos. Yo soy el número uno. Cuando lo felicitaban por haber ganado un campeonato, era capaz de declarar que no tenía ninguna gracia ganar cinco partidos consecutivos a tenistas malos. Y cuando le preguntaban por el futuro de él o de otros, declaraba total desinterés.

No estoy ni ahí

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Este juego mental, que irritaba a muchos de sus oponentes, era un arma letal para desequilibrarlos y desarmarlos. Marcelo miraba en menos, y varios jugadores sintieron el desprecio de su mirada, de su juego, de sus golpes. A través del desinterés, la ironía, la irreverencia o la franca mala educación, el chileno destrozaba cimientos de la confianza personal de sus contrincantes, pues ante este espejo, su juego no valía nada. Los invalidaba.

Larry Stefanki es el primero en reconocer que el tenis puede ser un juego cruel y Ríos supo mover estas manillas. Lamentablemente sus lesiones también pusieron en evidencia las estrategias para ganarle al Chino Ríos, pues había que incomodarlo, moverlo y aburrirlo… para que este se rindiera. Además, decían sus detractores, no tiene un golpe que lo destaque del resto.

Y es que este genio de la raqueta, pese a su aparente rudeza, no era hábil en esconder sus emociones y era fácil leer cuando estaba molesto o incómodo.

Y varios cobraron revancha, quitándose una espina bien amarga, pues este zurdo de pelo largo… los había hecho sentir mal en la cancha…

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Rafael Nadal y Roger Federer tienen este poder mental, pero sus contrincantes no salen humillados, pues estos jugadores se toman muy en serio a sus oponentes.

Valoran a cualquiera que sea capaz de hacerles frente… no se burlan… ni menos botan partidos… y fuera de las canchas… se esmeran por ser impecables en sus gestos, movimientos y palabras, pues saben muy bien la enorme repercusión que pueden tener sus acciones y omisiones.

Marcelo, como Agassi en su primera etapa, no supo gestionar sus comunicaciones y el equipo que supuestamente debía asesorarlo, no supo, no pudo o no quiso hacerlo. En su afán por alcanzar la cima del tenis mundial, el loco no supo cuidar las formas (valores y control) ni las relaciones.

Y ganó

Y por semanas… su despiadado sistema… funcionó…

Fue Top 1, desplazó a Pete Sampras, pero hasta el día de hoy no ha sabido cultivar las relaciones ni gestionar su carrera de acuerdo a valores esenciales en el deporte, como el respeto a sus oponentes y la humildad. Es triste leer a nuestro campeón decir que Sampras es un amargado, que McEnroe es insoportable, que Federer es tan correcto que juega como mujer o que simplemente el tenis está aburrido.

Las declaraciones de Marcelo no le hacen bien al tenis ni a sí mismo y ensucian un lindo deporte y una increíble carrera, donde uno de los Mind-set más descollantes demostró, que cuando un jugador, independiente de su país, tamaño o personalidad, se propone algo en grande y trabaja mucho, lo puede lograr.

Y es que, siendo justos, detrás del aparente talento innato de Marcelo hay muchísimo trabajo, miles de horas de tenis, juegos, viajes, competencias. Miles de horas entrenando o luchando frente a los mejores del mundo.

Horas y horas de conversaciones con los mejores coach, preparadores físicos y deportistas del planeta. En su corta carrera, es increíble pensar que levantó 18 títulos individuales y uno en dobles como profesional, que ganó los mejores torneos como junior y que pese a las resistencias que generó entre los veteranos, logró callarlos en base a tenis. Tenis del bueno.

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Así, si cualquier tenista chileno quisiera llegar lejos en este deporte, cuenta con tres modelos mentales de lujo que aún circulan por los bordes de las canchas de tenis. Nicolás Massú, Fernando González y Marcelo Ríos demostraron que Chile reúne una serie de extrañas condiciones para sacar al mundo verdaderos campeones.

Condiciones que nada tienen que ver con la genética o el talento innato, sino con un conjunto de personas, experiencias y extraordinarias circunstancias, que han hecho que de Viña del Mar, Vitacura y la Reina surjan épicas figuras que han guiado y motivado la carrera de nuevas generaciones.

¿El desafío?

Modelarlos y sacar lo mejor de ellos para ver como se alinean con nuestro juego, con nuestro estilo y con nuestros objetivos, lo que en términos empresariales equivaldría a estar en sintonía con los valores, la misión y la visión.

Para lograr lo anterior, Montse Cascalló, en un artículo sobre coaching deportivo, señala que esta disciplina se tiene que encargar precisamente de facilitar “a los entrenadores, deportistas y a su entorno el desarrollo de habilidades y capacidades mentales y emocionales para conseguir resultados deportivos extraordinarios y vivir una vida más satisfactoria”.

Estas palabras me gustan y tensionan, pues una de las lecciones que podemos sacar de la carrera de Marcelo Ríos es que mientras estuvo en el circuito profesional no tuvo una vida muy satisfactoria. Y no es el único. Al parecer, en esto, es bien del montón, pues la mayoría de las estrellas del tenis han pasado por duros tránsitos personales.

Para esta especialista, al triángulo de la excelencia deportiva, cuyos vértices son la preparación mental y emocional, la preparación física y la preparación técnico-táctica, habría que agregar la motivación.

Escuchemos a Cascalló:

“Tenemos mil ejemplos de la influencia de la motivación en el rendimiento (…) ¿Qué entrenador no querría tener la llave de la motivación de sus deportistas? Y sin embargo cada día tenemos más claro que la motivación es totalmente personal, que más allá de los discursos y de las arengas motivantes de entrenadores y directivos, es la motivación propia, intrínseca del deportista, la que lo mueve a la acción, la que permite el nivel de esfuerzo y compromiso necesarios para alcanzar la maestría”.

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Desde esta perspectiva, podríamos sugerir, siguiendo la línea argumental de esta coach, que algo que faltó en el entrenamiento de Marcelo Ríos fue el autoconocimiento, pues las charlas, consejos o arengas son inútiles a menos que conecten con la motivación intrínseca del deportista, “motivación que surge de tener una clara visión de futuro alineada con los propios valores personales. El trabajo dirigido al autoconocimiento de los propios valores para crear una visión de futuro, motivante y alineada con los mismos, constituye el inicio de todo proceso de coaching y la base de su éxito”.

Así, la visión de futuro de Marcelo Ríos era ser número uno del mundo.

Lo logró… y no había más… Stefanki intentó inculcarle sus valores, sus creencias, pero estas no coincidieron con las de su pupilo… y la relación se quebró… y Marcelo siguió jugando y ganando de acuerdo a sus propios valores… pero esta forma de juego le acarrió lesiones y problemas fuera de la cancha… de las que nunca más se recuperó.

La estructura de Stefanki llevó las habilidades de Ríos al máximo, pero la visión del mundo y del futuro de ambos eran muy distintas. El mítico coach lleva más de 30 años formando tenistas, mientras Marcelo hoy es alguien que trabaja en sus finanzas personales y prepara exhibiciones tenísticas para mostrarle a sus hijos, cuán bueno era para la pelota y lo mucho que lo quiere y extraña la gente.

Si vamos a la clásica fórmula del rendimiento deportivo de acá abajo, veremos que el potencial natural del zurdo de Vitacura era ser el mejor del mundo, pero que las interferencias del entorno (familia, amigos, entrenadores, escuela) y personales (emociones), hicieron que su rendimiento deportivo se desplomara apenas alcanzó su verdadero potencial.

Rendimiento Deportivo = Potencial Natural – Interferencias

Para los críticos de Marcelo Ríos y para los críticos de mis posts tenísticos, aquí hay una fórmula aplicable para otras esferas de alta exigencia, pues los logros deportivos de estos tres atletas nacionales nos demuestran que en nuestro territorio nacional hay personas de insospechado potencial… potencial muchas veces opacado por interferencias que todos los actores involucrados debemos ayudar a gestionar.

Las experiencias de Nicolás, Fernando y Marcelo nos sirven como modelos deportivos que te pueden llevar al éxito, lo que no necesariamente significa que porque matricules a tu hijo en un club de tenis de la Reina te vaya a salir un bombardero o que un abuelo mentor vaya sacar un campeón olímpico al repetirle que lo imposible es posible.

Tampoco es garantía de éxito mentalizarse que uno va a ser número uno para lograrlo, pues la fórmula del Chino es bastante más compleja. Hay familias, amigos, profesionales, mucho trabajo y muchos recursos detrás de este enigmático héroe de los noventa.

Hoy, tenemos nuevos exponentes abriéndose camino en el circuito profesional y vemos que la huella de estos tres héroes y de los que los antecedieron, han hecho posible que las carreras de Nicolás Jarry y Christian Garín acumulen invaluables aprendizajes de chilenos que también le demostraron al mundo, que nuestro país, aparte de ser tierra de poetas y futbolistas, tiene grandes atletas en otras disciplinas.

Y Marcelo, aunque no figure en el salón de la fama del tenis por su comportamiento, está seguro en el Olimpo del Tenis junto a los más grandes, de todos los tiempos.

¡Gracias Marcelo!

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