Coaching héroes nacionales… del tenis

 

En la vida nada es imposible weon. Ni una webada

Nicolás Massú

 

Ya estamos en diciembre, y para los que el año laboral, personal y/o familiar parte en marzo, esta ha sido una temporada larga. Así, para reanimarse en esta recta final hacia el 2019, los invito a revisar la hazaña deportiva chilena más grande de todos los tiempos: la doble medalla de oro de Nicolás Massu en las Olimpiada de Atenas (2004).

Como verán, han pasado muchos años, pero tal cual anunciaron las más prodigiosas raquetas del mundo, lo alcanzado por el tenista viñamarino difícilmente va a poder ser repetido en la historia del tenis.

De cara a las Olimpiadas de Londres en el 2012, Roger Federer -contemporáneo de Nicolás Massu desde su época de juniors- señaló a El Mercurio que “será muy difícil igualar las medallas que ganó Massú (…) Lo que el hizo fue fenomenal”.

Además, el suizo agregó que “lo que sucedió en esos Juegos fue increíble, una hazaña, algo extraordinario; su país debe estar orgulloso de eso, ya va a ser muy difícil repetirlo”.

Si ustedes creen que estas son sólo palabras buena crianza, propias de un caballero suizo o una estrategia comunicacional para manejar la presión que los medios ejercen sobre este deportista de cara a las Olimpiadas, lean lo que recientemente escribió Novak Djokovic en su Instagram, tras encontrarse con el vámpiro en Miami, en un partido de Basketball:

“Miren quién también está en el partido de los Heat (…) Ganador de dos medallas de oro en Atenas (singles y dobles), ex Top 10. Leyenda del tenis”.

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Rafael Nadal, otro invitado regular de este blog, declaró a El Mercurio -cuando Massú anunció su retiro el 2013- que la hazaña de Nicolás “es algo para elogiar, es muy complicado que un jugador logre eso en unas Olimpiadas, fue algo histórico y de mucho éxito para Chile. Ganar en singles y dobles es muy complicado, eso quizás se puede dar en un torneo, pero no creo que en Río. Es improbable que se dé”.

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Ese mismo año Juan Martín del Potro, entonces número 5 del mundo, alentaba a Massu a no retirarse, pues “Nicolás ha sido ejemplo para muchos de nosotros. En Argentina se lo quiere y respeta porque además de lo que hizo en Atenas nadie se olvida de la forma en que ganó el Abierto de Buenos Aires en el 2002”.

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Es más, en Flushing Meadows, mientras se disputaba el US Open, el anuncio del vámpiro fue tema en las conferencias de prensa y el entonces número uno del mundo, el serbio Novak Djokovic, comentó sobre Massú que“fue uno de los máximos luchadores que tuvo el circuito en los últimos años, y logró algo que nadie antes había logrado (…) todos los jugadores siempre lo respetarán por sus medallas”.

Por su parte Roger Federer valoró, a parte de lo logrado en las Olimpiadas, sus 15 años en el circuito y destacó la capacidad de Nicolás de representar a su país con una raqueta.

El palabras del Zeus del tenis, el viñamarino “siempre representó a Chile de la mejor manera”.

Y esto… es increíblemente cierto…

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Hecha esta introducción, ahora cabe preguntarse, cómo fue posible que este tenista nacional pudiera jugar más horas que los demás y ganar la medalla de oro en singles y dobles.

¿Es sobrehumano?

Si revisan los videos de la época, el esfuerzo de este atleta es verdaderamente olímpico. No gana fácilmente los partidos y la mismísima final -después de una semana de larguísimos partidos- duró cerca de cuatro horas.

¿Dónde están las pilas de este campeón?

Nicolás regaló dramatismo nada más ni nada menos que en Atenas y el propio Patrick McEnroe tuvo que ver sentado como el chileno le quitaba la medalla de oro a su pupilo. En agosto del 2005, ya con más calma, declaró lo siguiente al diario La Tercera:

“Mirando todo lo que pasó un año después, creo que estaban predestinados a ganar. Si bien lo ideal hubiera sido que Fernando González jugara la final con Nicolás Massú, las cosas resultaron perfectas para ellos. Los dos mostraron mucho corazón y mucho carácter, lo que en este deporte resulta muchas veces fundamental para conseguir cosas, como lo lograron ellos. Fue realmente espectacular”.

Créanme que McEnroe es un duro, un ganador netamente competitivo, que vio como este par de jugadores, le quitaban las medallas más preciadas. Massú no era el favorito e incluso varios pensaron que era imposible que se saliera con la suya. Y no sólo lo logró, sino que sus críticos y adversarios tuvieron que tragarse sus palabras y reconocer que la raqueta nacional, ése 2004, se había ganado su trono en el Olimpo.

Lo interesante, para fines de este blog, es que en las palabras de McEnroe y de muchos de los espectadores, comentaristas y deportistas, había algo épico de difícil comprensión. Algo casi místico. Massú estaba predestinado y Mardi Fish fue un gran oponente para el héroe que logró vencer a Goliat.

Gracias a Dios, la ciencia también tiene algo que decir, y Matthew Syed, en un entretenido capítulo llamado las Paradojas de la Mente, nos cuenta la historia de Jonathan Edwards, un atleta inglés que compitió en las Olimpiadas del Sydney 2000. La especialidad de Edwards era el triple salto y en esa oportunidad defendía su récord mundial…

¿Alta presión?

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De cara a esta cita Olimpica, Edwards llevaba su clásico bolso, donde los deportistas llevan sus poleras, zapatillas y todo tipo de artículos de recambio… además de una lata de sardinas… que era un símbolo de la multiplicación de los peces que realizó Jesús…

Yes, ladies and gentleman, competir no era para Edwards un simple juego… era una misión divina…

Escuchemos a Syed:

“Sports was, for Edwards, not about winning or losing, and certainly not about personal gain and glory; rather, it was about creating a platform for spreading the word of God”.

Para los escépticos, agnósticos o ateos esto puede sonar desde una idiotez a una aberración, pero la realidad es que este atleta era capaz de manejar toda la presión interna y externa, confiando sus resultados a Dios.

Es más, antes de entrar a competir, este laureado saltador rezaba en silencio: “I place my destiny in Your hands. Do with me as You will”.

Para los que creen en Dios estas palabras son como las espinacas de Popeye: dan fuerza sobrehumana y aunque autores como Richard Dawkins, en su libro The God Delusion, se hayan propuesto desmitificar la fuerza de El Señor, lo concreto es que tener fe provee de potentes creencias a los deportistas.

Para Syed, los que aman a Dios muchas veces logran un efecto dramático en su eficacia y efectividad de cara a una competencia y cita precisamente a Muhammad Ali, para graficar como este atleta, antes de subirse al ring, confiaba en que iba a ganar porque tenía a Alá de su lado.

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Es más, Ali se subía al ring sin dudas, pues sabía que su fuerza no venía de él… sino del Todopoderoso. Y si creen que exagero… bueno… cosa de ustedes,,, yo simplemente los dejo con las palabras de Edwards…

“I never doubted my belief in God for a single moment until I retired from sport (…) But when I retired, something happened that took me by complete surprise. I quickly realized that athletics was more important to my identity than I believed possible. I was the best in the world at what I did, and suddenly that was not true anymore. With one facet of my identity stripped away, I began to question others, and from there, there was no stopping. The foundationes of my world were slowly crumbling”.

No se si se imaginan la presión de ser el mejor del mundo en algo… en cualquier cosa… y salir una cita deportiva… tras otra… a demostrarlo…

Desde esta perspectiva, creer en Dios, en algo fuera de sí mismo, fue una gran herramienta mental para gestionar la enorme presión que esto implica. Creer que Dios es más importante que el deporte y tus logros personales, le permitió a este británico mantenerse enfocado.

Pero la realidad es que Jonathan, una vez retirado, se dio cuenta que había pasado por alto aspectos muy importantes de su identidad. Era un atleta. El mejor en su disciplina. Y esta era una parte esencial de su vida… que empezó a colapsar… cuando se dio cuenta… que ya no lo era… y que Dios ya no podía salvarlo de esta dura realidad…

“Looking back now, I can see that my faith was pivotal to my success. Believing in something beyond the self can have a hugely beneficial psychological impact, even if the belief is fallacious. It provided a profound sense of reassurence because I took the view that the result was in God’s hands and that God was on my side. It enabled me to block out doubt in the moments before I was due to jump. Yes, it was vital”.

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¿A qué deportista, profesional de cualquier índole o estudiante no le gustaría contar con una herramienta mental que le impida dudar de sus capacidades en los momentos más críticos de la competencia, la evaluación o presentación? ¿A quien no le gustaría poder callar esas voces que hacen dudar de uno mismo, de los otros o del momento a la hora de acercarnos a la prueba final?

Independiente de que desconozco las creencias personales de Nicolás Massú, lo concreto es que en Atenas se dieron las condiciones para que este atleta ganara todo lo que podía ganar… por Chile…

Sí, esta raqueta nacional, tal como señala Roger Federer, dio todo por la camiseta, probablemente porque jugar por otros, por Chile, le daba una fuerza inaudita. Y esta historia pegó fuerte al otro lado de la Cordillera, en Argentina, pues esta nación vibra con jugadores que dan todo por su camiseta… y linchan al que no…

Sí, los periodistas deportivos argentinos no ahorraron elogios para el viñamarino, pues vieron como un jugador, cuyo ranking ATP estaba por debajo del de muchos de sus oponentes, se las arregló para desafiar las estadísticas, algo que aman nuestros hermanos transandinos.

Sí, este fervor por la camiseta de Chile, parece ser la clave para entender la gesta heroica de Nicolás, gesta que otras raquetas nacionales, vecinas e internacionales no han podido emular.

Los que aman la camiseta alrededor del mundo, se rindieron a los pies de este gladiador y en Chile figuras de todas las esferas del quehacer nacional, dejaron de lado sus actividades para hablar, escribir o gritar esta hazaña.

El actual Presidente de la República estuvo en la final del 2004 y esto es lo que relata:

“Estar en el estadio olímpico es algo que voy a recordar toda mi vida y se lo contaré a mis hijos y a mis nietos. Fueron dos momentos históricos. Vimos subir la bandera chilena a lo más alto del podio olímpico y escuchamos la canción nacional por primera vez”.

Para aquellos que aman la patria, lo que hizo Nicolás traspasó todas las fronteras. Podría compartir varios relatos que aparecen en el libro Chilenos de Oro, del periodista Esteban Abarzúa, pero me gustaría dejarlos con la persona que motivó a Nicolás, desde niño, a empuñar la raqueta y a creer que sus golpes lo llevarían a límites imposibles de imaginar.

Un hombre de origen húngaro, quien junto a su señora, se salvaron de los horrores del nazismo, sufrieron pérdidas materiales y humanas inconfesables y se rehicieron en este rincón del mundo.

Hablo del abuelo de Nicolás, Ladislao Fried, hombre que pese a sus lejanos orígenes, brindó ese 2004 por la patria.

“Yo estaba en Santiago, en la casa de mi hija Sandra (…) Mi mujer salió a comprar empanadas para celebrar el triunfo. Brindamos con vino chileno. Me gusta”.

Así, con este espíritu olímpico y patrio, nos despedimos de un tenista que logró una hazaña olímpica y de un abuelo mentor, que en palabras del técnico Nano Zuleta, le enseñó a no rendirse jamás.

Y en Atenas Nicolás, pese a los rivales, las horas de juego, el calor, la presión externa y las propias ansiedades, no sucumbió.

Y es por ello que el entonces Presidente de Chile, Ricardo Lagos, le regaló estas palabras a Nicolás y a Fernando González, quien será protagonista de otro post.

“Quisiera señalar la alegría y satisfacción con que esta mañana hemos recibido aquí a Nicolás y a Fernando, con sus familias, en la casa de los Presidentes de Chile, la casa que simboliza al país. Y ha sido una forma en que los quince millones de chilenos les decimos gracias, gracias por lo que ellos han hecho, por lo que han simbolizado, gracias por el ejemplo de fuerza que han dado y que dieron y que seguirán dando. Gracias también por el ejemplo a los jóvenes de Chile, lo que ellos simbolizan hoy, lo encarnan, el cómo, de una u otra forma, lo de ellos es el triunfo de ellos, pero lo de ellos también es el triunfo de la constancia y la perseverancia”.

¡Gracias Nicolás!

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SANTIAGO, CHILE: El presidente chileno Ricardo Lagos (C) acompana a los tenistas chilenos Nicolas Massu (D), ganador de medalla de oro en singles y dobles en los juegos olimpicos de Atenas 2004 y Fernando Gonzalez (I) ganador de medalla de oro en dobles y bronce en singles, durante un saludo desde uno de los balcones del palacio presidencial de La Moneda en Santiago, Chile el 13 de septiembre de 2004. Lagos recibio este lunes a los tenistas chilenos, que obtuvieron las primeras medallas de oro olimpico en las historia del deporte nacional. AFP PHOTO/Victor ROJAS (Photo credit should read VICTOR ROJAS/AFP/Getty Images)

 

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